Cómo hacer una falda con jeans viejos: diseño con historia y estilo personal
Así fue como aprendí a customizar y le agarré el gusto…
Tiempo atrás, antes de comenzar a estudiar diseño de moda,
solía ver videos de personas customizando su ropa. Me fascinaba observar cómo
transformaban prendas comunes en piezas únicas: añadían apliques, pintaban
telas, hacían magia con lo que ya tenían. Me gustaba, sí, pero solo como
espectadora. No me atrevía a intentarlo.
Cuando comencé la carrera, en mi primer semestre, era una
novata total. Escuchaba a todos hablar de términos que me resultaban ajenos, y
uno que se repetía mucho era “customizar”. No tenía idea de qué significaba
hasta que una maestra —una de esas con estilo innato— nos contó cómo había
convertido un vestido en una falda, la misma que llevaba puesta ese día. Se
veía espectacular. Fue ahí cuando, por curiosidad, empecé a investigar más y a
llenarme de inspiración.
Mi primer proyecto de customización lo comencé con miedo,
por supuesto (¡cómo no!). Recuerdo haber transformado un jean en una falda y
añadirle apliques en los bolsillos traseros. Lamento no tener fotos de eso,
pero la sensación que me dejó fue suficiente para seguir explorando. Después
vinieron más ideas: de una camisa manga larga saqué una blusa, de una camisa de
papá, un vestido… y así descubrí un gusto que se quedó conmigo hasta hoy.
Ahora lo veo como un hobby que, aunque no practico tan seguido como quisiera, me llena cada vez que lo hago. Disfruto darle mi toque a las prendas, pero también me gusta saber que estoy aportando un granito de arena al planeta desde este rincón de la moda sostenible.
Este gusto fue creciendo y hoy lo hago para mí, a mi medida,
con libertad. Descubrí que dentro del customizar también hay caminos que me
enamoran, como pintar sobre tela o bordar a mano. Son espacios donde puedo
expresarme y mostrar quién soy. Cada puntada o trazo lleva un pedacito de mis
gustos, mis cambios, mis momentos.
Hay prendas que guardo porque significan algo especial.
Algunas han sido regalos de personas importantes, y aunque en otros artículos
he hablado de no acumular ni aferrarnos a lo que ya no usamos, algunas piezas
simplemente merecen otra oportunidad. Cuando dejan de encajar con mi estilo, en
vez de dejarlas ir, las transformo. Así siguen caminando conmigo, adaptándose a
quien soy hoy. Una prenda nueva, salida de una prenda antigua. Y eso... me
encanta.
Y si hablamos de historias que siguen transformándose, hay mucho más por contar. Porque cada puntada, cada cambio, cada elección tiene algo detrás... aunque eso, merece su propia historia...


Comentarios
Publicar un comentario