Elsa Schiaparelli: la diseñadora que llevó la moda al surrealismo (y por qué hoy está en todas partes)
Elsa Schiaparelli: la diseñadora que fue demasiado adelantada para su época… y por eso hoy está en todas partes
Mi querida lectora, hoy nuestra cita, y despues de un buen rato sin escribir por aquí es para hablar de algo que probablemente has visto mil veces últimamente sin darte cuenta. Y es que hay nombres en la moda que nunca desaparecen… y otros que desaparecen solo para regresar con más fuerza.
Eso es exactamente lo que está pasando con Elsa Schiaparelli.
Si últimamente te has encontrado con vestidos y siluetas que parecen verdaderas esculturas en movimiento, más cercanas al arte de galería que al uso diario, probablemente estabas viendo Schiaparelli.
Lo curioso es que no es una tendencia nueva, ni una diseñadora que salió hace poco. De hecho, es todo lo contrario. Estamos hablando de una mujer que hacía este tipo de cosas hace más de 70 años… cuando literalmente nadie estaba listo para entenderlo.
Y aquí es donde la historia se pone buena.
Porque Elsa no venía del mundo de la moda como tal. No era la típica diseñadora que creció entre telas o aprendió desde pequeña cómo se hacían los vestidos.
De hecho... ¡espéra!, porque aquí viene un —me gusta llamarlo— parentesis importante.
Si ella venía de un mundo tan diferente a el de la moda... ¿como es que llegó a esto?
Y la verdad, es que ella ni siquiera empezó en la moda porque quisiera. La vida básicamente la empujó ahí.
Para hacértelo resumido: resulta que ella se casa joven, se va a vivir fuera de Italia, y ese matrimonio no funciona. Se separa, queda sola, con una hija… y tiene que empezar de cero. Literal.
Pasa un tiempo en Nueva York, empieza a conocer gente, a moverse en ambientes más creativos… pero el verdadero giro pasa cuando llega a París. Y no llega como diseñadora, ni con contactos en moda, ni con un plan claro. Llega a reconstruirse.
Y es justo aquí donde pasa algo que parece pequeño, pero lo cambia todo. El boom.
Un día ve a una mujer con un suéter tejido raro, diferente, de esos que uno no entiende pero no puede dejar de mirar… y se obsesiona. Empieza a preguntar, a investigar, a mandar a hacer cosas parecidas… y termina creando sus propios diseños.
De hecho, esos suéteres —con diseños tipo trampantojo, que jugaban con la ilusión visual— fueron su primer gran éxito. Se vendieron tanto que terminaron llegando a tiendas importantes en Estados Unidos.
La gente empezó a notar lo que usaba, a preguntarle, a quererlo… y así, sin formación y sin academia… entró a la moda. Y ahora, si lo piensas bien, eso explica absolutamente todo.
Porque mientras otros diseñadores sabían lo que “no se debía hacer”… ella nunca aprendió eso.
En pocas palabras, ella venía de un entorno mucho más intelectual, más de ideas que de estética… y eso hizo que cuando entró a la moda, lo hiciera sin reglas.
¿Y que pasa cuando tú no tienes reglas?… haces lo que quieres.
Mientras otras diseñadoras estaban enfocadas en hacer a la mujer elegante, correcta, “bien vista”… Elsa estaba pensando cosas como: ¿y si un vestido también puede ser una obra de arte? ¿y si la ropa no es solo para verse bonita sino para provocar algo? Y ahí fue cuando empezó a hacer cosas que, en su época, eran una locura total.
Imagínate esto: un vestido elegante… pero con una langosta gigante pintada encima. No un estampadito bonito, no. Una langosta enorme, llamativa, imposible de ignorar.
Pero dejame abrir otro pequeño parentesis, porque en este punto es donde debemos entender de dónde salió su forma de pensar, y permiteme recalcar que aquí es donde todo empieza a tener aún más sentido…
Porque uno podría pensar: bueno, sí, ella era creativa y ya. Pero no, no era solo eso.
Ella no estaba inventando sola en su casa. Se estaba rodeando de artistas que estaban igual o más “volados” que ella.
Gente del movimiento surrealista… de esos que hacían arte raro, simbólico, medio onírico, cosas que parecían sacadas de sueños.
Aquí, es donde llega un nombre que cambia todo: Salvador Dalí. Sí, ese Dalí… el de los relojes derretidos.
Ella trabajó con él, y no de forma superficial. De ahí salen cosas como el vestido de la langosta, que no es solo un diseño llamativo… es una idea surrealista llevada directamente a la ropa.
Pero además no fue el único.
También colaboró con Jean Cocteau, que era artista, escritor, cineasta… de todo un poco. Con él hizo diseños donde el arte literalmente se dibujaba sobre el cuerpo, como ilusiones ópticas, rostros, líneas que parecían moverse. Y con Man Ray, que era fotógrafo y artista visual, exploró mucho más el lado conceptual… ese tipo de estética que no busca verse “bonita”, sino provocar algo, aunque sea raro.
Entonces claro… cuando unes a una diseñadora sin reglas, con artistas que tampoco creían en las reglas, pues... pasan cosas.
Por eso sus diseños no se sentían normales. No eran solo vestidos. Eran ideas, eran arte caminando.
¿Ves? Todo encaja.
No es que Elsa fuera “extraña” porque sí… es que estaba metida en un mundo creativo completamente diferente al de la moda tradicional, o sea, estamos hablando de mezclar moda con arte surrealista de verdad.
También hizo sombreros que eran zapatos al revés, guantes con uñas largas rojas incorporadas, estampados que simulaban huesos… cosas que hoy uno ve y dice “ok, editorial de moda”, pero en ese momento era como… ¿qué está pasando aquí? Y sin embargo, funcionaba. Llamaba la atención y la gente hablaba de eso.
Y aquí hay un detalle que a mí me parece brutal… Elsa no solo hacía ropa rara, ella entendía algo que hoy es clave: la identidad.
Creó su propio color, el famoso “Shocking Pink”. Pero no era un rosadito cualquiera, era un rosado fuerte, intenso, de esos que definitivamente no puedes ignorar. Y lo usó tanto que terminó siendo parte de su firma.
O sea, básicamente hizo branding… cuando ni siquiera existía ese concepto como lo entendemos hoy.
Pero claro, no todo era perfecto. Porque mientras ella estaba en ese mundo creativo, exagerado y súper artístico, había otra figura completamente opuesta dominando la moda: ¡Si! Coco Chanel. Y aquí sí hubo tensión.
Porque Chanel representaba todo lo contrario: elegancia simple, líneas limpias, sobriedad. Donde una era exceso, la otra era control. Donde una quería impactar, la otra quería refinar.
Se dice que Chanel no la soportaba mucho… y la verdad, tiene sentido. Eran dos formas totalmente diferentes de entender la moda.
Pero la historia no se queda ahí, porque después de la Segunda Guerra Mundial todo cambió.
La gente ya no quería experimentar. Venían de momentos difíciles, así que buscaban algo más seguro, más clásico, más... llamémoslo “tranquilo”.
Y fue ahí donde el estilo de Elsa dejó de encajar. Ya no era el momento para cosas raras o provocadoras. Y poco a poco, su marca fue perdiendo fuerza… hasta que cerró en 1954.
Y uno podría pensar: bueno, ahí quedó, una diseñadora más de la historia.
Pero no.
Décadas después, la marca vuelve. Y no solo vuelve… explota.
¿Y por qué? Porque el mundo cambió otra vez.
Hoy vivimos en una época donde lo visual lo es todo. Donde si algo no te detiene en segundos, lo ignoras. Donde lo diferente, lo exagerado, lo raro… es exactamente lo que funciona.
Entonces lo que antes era “demasiado”, ahora es perfecto.
Y ahí empiezas a ver vestidos con cabezas de animales hiperrealistas, joyas gigantes doradas, piezas que parecen salidas de un museo… y celebridades usándolas en eventos importantes, haciendo que todo el mundo hable de eso.
Pero más allá del impacto visual, lo interesante es esto: Elsa nunca cambió. Lo que cambió fue el mundo.
Antes, la moda era para encajar. Hoy, la moda es para destacar. Antes, lo diferente daba miedo. Hoy, lo diferente vende.
Y por eso ahora todo el mundo está volviendo a mirar hacia ella. Porque lo que hizo hace casi un siglo… finalmente tiene sentido en este momento.
Interesante, ¿no crees?


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